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Los neandertales operaban una «fábrica de grasa» de 125.000 años, dicen los investigadores

Los neandertales hervían sistemáticamente huesos de animales para extraer grasa y sebo a escala industrial hace 125.000 años, según un nuevo estudio que replantea supuestos de larga data sobre su sofisticación dietética. La investigación, basada en excavaciones en Alemania, documenta lo que equivale a una «fábrica de grasa» prehistórica que precede por decenas de miles de años un comportamiento similar atribuido a los primeros humanos modernos. Los hallazgos sugieren que los neandertales no eran solo carroñeros oportunistas, sino procesadores deliberados de alimentos que comprendían el valor calórico encerrado en el hueso.

Dentro de un sitio de procesamiento de huesos de 125.000 años

El estudio, titulado «Large-scale processing of within-bone nutrients by Neanderthals, 125,000 years ago,» documenta los restos de al menos 172 grandes mamíferos que los neandertales procesaron en un yacimiento en Alemania. Ese número, por sí solo, distingue este lugar de la mayoría de los sitios neandertales conocidos, donde la evidencia de preparación de alimentos tiende a ser dispersa y de pequeña escala. Aquí, el mero volumen de restos animales apunta a una actividad repetida y organizada a lo largo del tiempo más que a un único evento de caza.

El trazado espacial de los fragmentos de hueso reveló lo que los investigadores describen como un aparente «suelo de huesos», una densa concentración de restos procesados repartidos por el yacimiento. Según la cobertura sobre la evidencia de extracción de grasa, esta distribución es consistente con un área dedicada al procesamiento donde los huesos se rompían, calentaban y hervían para liberar la médula y la grasa atrapada en su interior. Los huesos mostraron marcas de corte y daños por calor que se alinean con técnicas de extracción de grasa más que con una simple carnicería para obtener carne.

El estudio apareció en Science Advances, como señala la cobertura de la sección de noticias de Nature. Las fuentes difieren ligeramente sobre la fecha exacta de publicación, con una referencia citando el 2 de julio y otra el 3 de julio. Más allá de esa pequeña discrepancia, la investigación representa uno de los relatos más detallados hasta la fecha sobre el procesamiento de alimentos a escala por parte de los neandertales y añade una nueva dimensión a la forma en que los arqueólogos interpretan conjuntos óseos densos en yacimientos del Pleistoceno.

Por qué la grasa importaba más que la carne

La imagen popular de los neandertales como brutos carnívoros deja de lado un problema nutricional crítico al que se enfrentaban. La carne magra de los animales, aunque rica en proteínas, es una fuente pobre de calorías por sí sola. Los humanos y sus parientes cercanos solo pueden obtener un porcentaje limitado de su energía a partir de la proteína antes de encontrar problemas metabólicos, una limitación a veces llamada «inanición por conejo». La grasa, en cambio, es el macronutriente más denso en calorías y habría sido esencial para sobrevivir a los duros inviernos de la Europa glacial.

Precisamente esa laguna la llenaba la extracción de grasa de los huesos. La grasa es un componente vital de la dieta de cazadores-recolectores, especialmente en invierno, según la cobertura de Nature sobre el estudio. Al hervir huesos, probablemente en pieles de animales o en depresiones naturales llenas de agua con piedras calientes, los neandertales podían extraer la médula rica en lípidos y la grasa trabecular que la simple fractura ósea dejaría atrás. La técnica producía un producto energético y estable que podía almacenarse a partir de material que de otro modo podría haber sido desechado, transformando restos esqueléticos en una reserva estratégica en lugar de en desperdicio.

Lo que hace inusual a este descubrimiento es la naturaleza sistemática de la operación. La extracción ocasional de médula está bien documentada en sitios neandertales por toda Europa. Pero el yacimiento alemán descrito en el artículo de Science Advances muestra algo diferente: un proceso repetido y a gran escala aplicado a los huesos de decenas de animales, lo que sugiere una estrategia deliberada más que una respuesta improvisada al hambre. Los autores sostienen que este patrón refleja un enfoque sostenido en los nutrientes dentro del hueso, especialmente en partes de la canal que hubieran permanecido ricas en grasa incluso después de extraer la carne.

Casi 100.000 años antes que los humanos modernos

Quizá la implicación más sorprendente de la investigación es su cronología. Los neandertales estaban extrayendo grasa casi 100.000 años antes de que se sepa que otros humanos antiguos participaron en comportamientos similares, según el registro arqueológico actual. Esa brecha desafía una suposición persistente en la paleoantropología: que las técnicas complejas de procesamiento de alimentos eran innovaciones de Homo sapiens que los neandertales no podían desarrollar o solo adoptaron por contacto con humanos modernos que migraron a Europa.

Investigaciones anteriores publicadas en PNAS sobre la subsistencia neandertal ya habían comenzado a construir el caso de que estos homínidos dirigían «fábricas de grasa» hace 125.000 años. El nuevo estudio de Science Advances refuerza ese argumento con un análisis espacial detallado y una muestra mayor de restos procesados. En conjunto, estos hallazgos sugieren que los neandertales desarrollaron de forma independiente una tecnología que los humanos modernos no adoptarían a escala comparable hasta mucho más tarde en el registro arqueológico, lo que subraya que el procesamiento intensivo de grasa no fue un rasgo exclusivo de Homo sapiens.

Esto no significa que los neandertales y los primeros Homo sapiens fueran cognitivamente idénticos. Pero sí implica que la vieja jerarquía, con los humanos modernos como únicos innovadores y los neandertales como imitadores menos capaces, necesita una revisión seria. La capacidad de identificar un problema nutricional, idear una solución técnica en varios pasos y repetirla con muchos animales en un mismo sitio refleja planificación, transferencia de conocimientos y posiblemente coordinación social. En ese sentido, la producción de sebo óseo se convierte en evidencia de comportamiento complejo más que en una simple nota al pie de su repertorio alimentario.

Lo que el «suelo de huesos» nos dice sobre la organización

La disposición espacial del yacimiento ofrece pistas más allá de la química de la extracción de grasa. Un suelo de huesos concentrado sugiere que los neandertales no estaban procesando animales dondequiera que los mataran. En cambio, parecen haber transportado las canal o partes de la canal a un lugar específico para su procesamiento, del mismo modo que grupos humanos posteriores establecerían áreas de trabajo dedicadas dentro de los campamentos. La agrupación de huesos rotos y alterados por el calor implica el uso repetido del mismo punto, posiblemente cerca de fuentes de agua y combustible.

Este tipo de organización espacial implica cierto grado de planificación del sitio. Alguien (o algún grupo) decidía dónde iba a realizarse el procesamiento y mantenía esa disposición a lo largo de múltiples eventos de carnicería. Aunque las fuentes disponibles no incluyen declaraciones directas de las coautorías sobre la división del trabajo, la propia evidencia física es sugestiva. Un suelo de huesos creado por los restos de 172 grandes mamíferos, como documenta el registro de acceso abierto del estudio, no es obra de una sola tarde ni de un solo individuo. Apunta, en cambio, a una tarea recurrente que pudo haber implicado roles coordinados, desde la caza y el transporte hasta la fractura de huesos, el calentamiento y la recolección de grasa.

La autora principal, Katie Kavanagh, y sus colegas interpretan esta organización como evidencia de que los neandertales entendían no solo el valor nutricional de la grasa intracortical, sino también los desafíos logísticos de extraerla de manera eficiente. Concentrar la actividad en un área habría facilitado controlar los fuegos, las piedras calientes y los recipientes, además de limitar la dispersión de desechos. Con el tiempo, la acumulación de fragmentos produjo el distintivo suelo de huesos que los arqueólogos ahora pueden mapear y analizar.

Replanteando la innovación neandertal

El yacimiento alemán de extracción de grasa se suma a un cuerpo creciente de trabajos que complican los estereotipos antiguos sobre los neandertales como cazadores de vida corta e inflexibles que fueron superados por unos Homo sapiens más inventivos. En cambio, la evidencia de esta «fábrica de grasa» subraya que los neandertales eran capaces de procesos alimentarios elaborados y multipartes que requerían previsión y saber técnico. No se limitaban a despojar carne de los huesos; ideaban formas de extraer y almacenar calorías en un entorno adverso.

Para los paleoantropólogos, el estudio también plantea cuestiones metodológicas. Si el hervido intensivo de huesos puede transformar restos esqueléticos en depósitos densos y fragmentarios, otros suelos de huesos similares en distintos sitios podrían necesitar ser reexaminados con la extracción de grasa en mente. Lo que antaño pudo interpretarse como desechos de una carnicería ordinaria podría, en algunos casos, representar el residuo arqueológico de un sistema de producción cuidadosamente organizado. A medida que los investigadores refinan sus métodos para detectar alteraciones por calor, patrones espaciales y desgaste microscópico, podrían salir a la luz más ejemplos de procesamiento temprano de grasa.

Por ahora, el yacimiento alemán se mantiene como un vívido recordatorio de que la ingeniosidad tecnológica en el pasado profundo no fue patrimonio exclusivo de nuestra especie. Mucho antes de que Homo sapiens se extendiera ampliamente por Europa, los neandertales ya resolvían complejos problemas nutricionales con soluciones que combinaban conocimiento ecológico, tecnología material y organización social. La capa brillosa de sebo que una vez flotó sobre su caldo de huesos hace tiempo que desapareció, pero su huella permanece en los huesos fracturados y marcados por el calor que ahora cuentan una nueva historia sobre quiénes fueron.

Alexander Clark

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